Boards of Canada
Twoism
Skam
1995
Hay discos que parecen existir fuera del tiempo, como si hubieran sido encontrados en una caja olvidada y Twoism tiene algo de eso. Su nombre juega con la idea del dualismo, de la simetría y de ese vínculo casi telepático que a veces comparten dos personas cuando crean juntas. Escucharlo es asomarse a ese diálogo privado entre Boards of Canada cuando todavía estaban definiendo los contornos de su universo.
Originalmente editado en 1995 en un tiraje de apenas cien copias, Twoism terminó convirtiéndose en una especie de objeto mitológico dentro del culto que rodea a Boards of Canada, antes de ser reeditado años después por Warp Records. Más allá de todo lo ya vivido, lo fascinante de este disco olvidado para muchos, es que ya contenía casi todas las coordenadas emocionales que definirían a la dupla, melodías que parecen recuerdos incompletos, ritmos que avanzan como sueños medio olvidados y una permanente sensación de nostalgia por algo que nunca ocurrió.
Con casi cuarenta minutos de duración, este primer mini-LP (o debut para los oídos del mundo, si se quiere) funciona menos como una colección de canciones y más como una serie de fotografías borrosas encontradas en una caja olvidada. Todavía no existe la coherencia y monumentalidad de Music Has the Right to Children, pero sí la intuición de algo enorme formándose en la distancia. Canciones como “Twoism”, “Oirectine” o “Seeya Later” ya revelan un lenguaje propio, una identidad tan definida que resulta absurdo pensar que esto fue apenas el comienzo.
Lo más sorprendente es que, incluso en este estado embrionario, la esencia de la banda ya está completamente intacta. Las texturas analógicas, los sintetizadores envejecidos artificialmente, las melodías infantiles atravesadas por una inquietud difícil de explicar y esa capacidad única para convertir la memoria en sonido aparecen aquí con una claridad asombrosa. Twoism no suena como el borrador de algo grande, suena como una obra todavía dispersa, sí, pero creada por artistas que ya sabían exactamente quiénes eran. Es ésta la primera evidencia de que Michael Sandison y Marcus Eoin ya habían encontrado una forma de hacer música que nadie más estaba haciendo.
Twoism es un debut excepcional y todavía demasiado infravalorado. No tiene la consistencia de los grandes discos que vendrían después, pero sí algo igual de valioso, el momento exacto en que una de las voces más originales de la música electrónica comienza a revelarse al mundo.
