Boards of Canada
Geogaddi
Warp
2002
Con Geogaddi me pasa algo que no me ocurre con ningún otro disco de Boards of Canada. Es, probablemente, el que menos disfruto. Carece en gran medida de esas melodías memorables que abundan en otros discos, es excesivamente largo y durante años me costó muchísimo entender qué era exactamente lo que buscaba. La verdad es que lo escucho poco, aunque con el tiempo terminé por sacarle el callo y aprender a apreciarlo en sus propios términos.
Lo que creo que pasa es que si el debut era un disco sobre la memoria, Geogaddi parece preguntarse qué ocurre cuando esos recuerdos empiezan a deteriorarse. Donde antes había nostalgia, ahora hay inquietud. Donde antes había calidez, ahora hay una sensación constante de que algo no termina de encajar. La banda conserva sus timbres característicos pero aquí los utiliza para construir algo mucho más ambiguo y perturbador.
Es curioso que, pese a su fama de disco oscuro, nunca me ha parecido verdaderamente siniestro, más bien me resulta incómodo. Hay momentos hermosos, incluso cálidos, pero siempre atravesados por una extraña tensión. Esa dualidad es probablemente el mayor logro del álbum. Geogaddi es un disco mucho más denso que sus predecesores. Aquí los cortes parecen emerger de una masa continua de drones, ruidos y capas superpuestas; hay muy poco aire entre los elementos y casi ninguna concesión al oyente. Mientras Music Has the Right to Children invitaba a entrar, Geogaddi parece poner obstáculos deliberadamente.
Y sin embargo, ahí reside buena parte de su grandeza. Aunque sigo prefiriendo Hi Scores o Tomorrow’s harvest, he terminado admirando la ambición de esta obra. No es un disco que busque agradar ni una colección de canciones memorables. Es una experiencia absorbente, desconcertante y tremendamente coherente en su visión. Tal vez por eso siga generando tantas discusiones más de veinte años después. No porque sea el mejor disco de Boards of Canada, sino porque es el más difícil de agotar.
