Boards of Canada
Music Has the Right to Children
Warp
1998

Telephasic Workshop fue el primer tema que escuché de Boards of Canada. Lo encontré en Audiogalaxy, una plataforma que adoraba y a la que le debo buena parte de la música que conocí en la época. Debo agradecerle el haberme cruzado con esa canción, porque después de ella no hubo vuelta atrás. Como ocurre con pocas obras, bastaron unos minutos para entender que estaba escuchando algo completamente distinto.

Music Has the Right to Children es uno de esos discos que parecen existir fuera del tiempo. Mientras gran parte de la electrónica de finales de los noventa estaba obsesionada con el futuro, Boards of Canada decidió mirar hacia atrás. No hacia la nostalgia entendida como simple evocación, sino hacia algo más extraño, y lo hicieron con método. Un álbum que transforma la memoria en sonido.

Los detalles son infinitos si uno presta atención.Por eso es probablemente su disco más consistente y el álbum que la mayoría considera su obra maestra. Francamente, no hay mucha discusión posible al respecto. Cada pieza parece ocupar exactamente el lugar que debe ocupar y cada transición contribuye a construir un flujo casi perfecto. Lo fascinante es que, pese a la enorme cantidad de imitadores que generó, sigue sonando único.

Curiosamente, y aunque es el disco que más he escuchado de ellos, no es mi favorito. A veces me agota un poco esa estructura de paisaje de 30 segundos + track de 5 minutos que domina buena parte del recorrido. Sin embargo, incluso esa pequeña reserva desaparece frente a la magnitud de la obra. Hay discos que pueden discutirse, éste no. Music Has the Right to Children es uno de los pocos álbumes capaces de crear un universo completo y hacerte sentir que siempre había estado ahí esperándote.

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