Boards of Canada
Hi scores
Skam
1996
Tengo muchas cosas que decir sobre este disco y muy poco espacio para hacerlo. Tal vez porque fue una de las primeras piezas del rompecabezas que me permitió entender a Boards of Canada. El tema que abre el EP fue apenas la segunda canción que escuché de ellos, allá por 1998, y se convirtió instantáneamente en una obsesión. Durante años sólo pude acceder a Hi Scores a través de métodos más cercanos a Jack Sparrow que a Warp Records, hasta que décadas después encontré una copia en Rotor, una legendaria tienda de discos en Madrid. Allí el disquero me hizo un test para permitirme comprar el disco ya que originalmente me estaba cobrando algo más de 80 euros por él. Al probarle finura, el dependiente se ríe y me da el precio real.
Más allá de la anécdota, Hi Scores ocupa un lugar importante para mí dentro de la discografía de Boards of Canada. Es el caldo de cultivo de Music Has the Right to Children, aunque todavía no posee la cohesión ni el flujo casi perfecto de aquel álbum. Lo que sí tiene es una energía distinta, aquí las ideas aparecen más desnudas, más inmediatas. Es un disco donde el dúo todavía está descubriendo los límites de su propio lenguaje, pero ya habla con una voz completamente reconocible.
También hay algo de este período que echo profundamente de menos en los trabajos posteriores de la banda. Temas como “Nlogax”, uno de mis cortes favoritos de toda su discografía, poseen un dinamismo y una sensación de movimiento que rara vez volverían a explorar con la misma intensidad. Lo mismo ocurre con “June 9th”, una pieza más cercana al IDM de la época, donde la programación rítmica y la manipulación de texturas ocupan un lugar mucho más central. A medida que Boards of Canada fue refinando su lenguaje, también fue abandonando parte de esa faceta más inquieta y exploratoria. Los discos posteriores son probablemente más consistentes, pero pocas veces alcanzan esa combinación tan particular de misterio, impulso y experimentación que aparece aquí de forma tan natural.
Hi scores es claramente uno de los discos que más disfruto de ellos, porque más allá de ser una pieza fundamental en la evolución de la banda, conserva algo que los grandes artistas suelen perder cuando alcanzan la madurez, esa sensación de descubrimiento. Aquí todavía se escucha a dos personas explorando un territorio desconocido y encontrando oro a cada paso.
