The Residents
Duck stab
Ralph
1978
Duck Stab/Buster & Glen es oficialmente el quinto lanzamiento de The Residents, aunque llamarlo “álbum” siempre ha sido un poco inexacto, ya que en realidad son dos EPs ensamblados en un solo cuerpo. Fue el segundo disco que escuché de ellos en mi juventud y, aunque está lejos de ser mi favorito dentro de su extensísima discografía, tuve un reencuentro bastante grato en los últimos días. Gracias a un disco extra que contiene un multitrack de algunos temas, pude detenerme en algo que suele perderse entre el caos, los timbres. En este punto, se entiende mejor esa precisión enfermiza con la que construían esas canciones aparentemente torpes y absurdas.
La prolificidad de The Residents durante los 70 fue descomunal. Disco tras disco, la banda construyó una de las discografías más sólidas y extrañas de la música popular estadounidense. Más adelante, especialmente desde Vileness Fats, comenzaron a inclinarse hacia lo performático y teatral, relegando poco a poco esa experimentación salvaje de los primeros años. Además, a esto se suma al hecho de que hacia mediados de los 80 la capacidad compositiva de Hardy Fox empezó a desmoronarse un poco.
Pero más allá de cualquier lectura histórica, Duck Stab/Buster & Glen sigue siendo un disco maravilloso. Como ocurría en mi favorito, Fingerprince, aquí las canciones toman el protagonismo y el collage sonoro de los tres primeros discos se reduce lo suficiente como para dejar ver estructuras más claras, sin perder jamás esa sensación de deformidad permanente. Todo parece desarmarse y recomponerse al mismo tiempo: con melodías infantiles convertidas en pesadillas, ritmos torcidos y voces que parecen venir de una transmisión de otro planeta.
Hardy Fox muestra aquí un perfeccionismo enfermizo. Más allá de la estética absurda y del humor negro que atraviesa el disco, hay un control técnico impresionante. El manejo de cinta, edición, capas y sintetizadores era de una sofisticación brutal para la época, y lo más increíble es que lo lograban con herramientas relativamente limitadas, exprimiendo cada máquina hasta el delirio. Muchos de esos artistas que hoy son presentados como “pioneros” de la música electrónica, apenas soñaban con obtener texturas tan extrañas y personales como las que aparecen aquí.
A estas alturas ya da un poco igual discutir qué vino primero, si el huevo o la gallina. Lo que sí debería quedar escrito en mayúsculas es que The Residents ayudó a sentar buena parte de las bases de la música experimental y electrónica moderna. Su influencia está regada por todas partes, incluso en artistas que probablemente jamás los mencionarían abiertamente. Y aun así, siguen siendo tratados muchas veces como una rareza menor o un simple chiste conceptual, cuando en realidad construyeron una de las obras más coherentes, visionarias y radicales de la música del siglo XX.
Duck Stab demuestra a una banda en estado de gracia, lejísimos de esa supuesta candidez o incapacidad musical con la que todavía algunos intentan despacharlos. Detrás de las máscaras y del absurdo, siempre hubo compositores enormes, obsesivos y peligrosamente inteligentes.
